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viernes, 6 de junio de 2014

El pianista 1

EL PIANISTA

CAPÍTULO 1

DULCE INTRODUCCIÓN AL CAOS



Observar las llamas del fuego que acabas de provocar. Un fuego vivaz del que sale una columna de denso y maloliente humo gris. Siempre me ha parecido curioso que del desvanecimiento de una vida pueda surgir un fuego tan vivaz y brillante. Parece casi una ironía natural. O tal vez es que se intentan compensar las luces apagadas con otras encendidas. No sé, la verdad.
Sé que tengo sólo unos minutos antes de que alguien advierta el fuego, venga a ver y llame a la policía, por lo que tengo que preparar la escena con presteza.
Coloco el disco en una pared y lo afianzo a la misma con cinta adhesiva.
Ajusto las cuerdas para alejarlas de las llamas y que no prendan y preparo el mensaje en la pared.
Me gustaría que la policía lo encuentre todo ordenado cuando llegue.
El desorden es para gente que no está preparada para hacer llegar a la Tierra el caos. El caos no es desorden, es preparación, esmero, gusto y dedicación.
Yo persigo un caos superior al que los otros aspiran a conseguir.
Intento hacer temblar los cimientos del mundo en que vivimos. Me considero un artista. Un artista nuevo que cultiva un arte nuevo y vanguardista. Busco el escándalo en la gente, ¿y no era eso lo que perseguían también Tristán Tzara y su movimiento dadaísta?
Observo por última vez mi debut en el mundo artístico. Un debut sencillo comparado con lo que voy a presentar al mundo en los próximos días.

Un debut sencillo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Si los muertos hablasen... 1

SI LOS MUERTOS HABLASEN...

CAPÍTULO 1

PRESENTACIÓN FORMAL


El Sol comenzaba a ponerse entre los árboles y los 4 amigos avanzaban por el uniforme sendero de tierra.
Sus sombras se alargaban contra el horizonte mientras mantenían una animada conversación.
Los 4 se conocían desde hacía poco y no tenían demasiado que ver entre ellos, excepto su amigo en común, Richard, que los estaba esperando en su casa.
En ese momento es a dónde se dirigían, a la casa de Richard. Todos vivían en la ciudad menos Richard. él vivía en las afueras. Unos 30 minutos separaban a la ciudad de la casa de su amigo. Los 4 habían decidido reunirse al principio del camino y realizar el viaje juntos, así no les resultaría tan aburrido.
Como he dicho, los 4 se conocían desde hacía poco. Sólo había pasado un mes desde la primera vez que se habían reunido todos en casa de su amigo. Y desde entonces solo se habían vuelto a ver todos juntos otra vez.
Esta sería la 3º vez que el grupo quedaba.
Richard los había reunido la primera vez como motivo de la celebración de un dinero que había conseguido. Ebrio por su éxito, decidió realizar una fiesta grandiosa que duró hasta más allá del amanecer y a la que asistieron más de 40 personas.
Después de que la fiesta acabara sólo quedaban en la casa 4 personas y su propietario. Y estos 5 acordaron comer juntos.
La segunda vez fue Richard el que los llamó en exclusiva. Quedaron para cenar y salieron de la casa hacia las 3 de la mañana.
Esta vez estaba siendo idéntica a la segunda.
Richard los había vuelto a invitar y ellos, sin vacilar, habían aceptado.
Como ya he dicho, estas 4 personas que se dirigían ahora hacia la casa en la que se habían conocido no tenían más que a su amigo en común, sin embargo, se entendían como si llevaran siendo amigos toda la vida.
La persona que encabezaba el grupo era Adolf, un alemán de pelo rubio y robusto. Aunque tuviera un inglés más que notable, su acento era muy notorio y cuando estaba totalmente ebrio acostumbraba a hablar en un alemán muy fluido, para regocijo de los presentes, que esperaban este momento con ansia debido a lo humorístico de ese momento. Adolf trabajaba en la industria naval como constructor y tenía una gran éxito. Era el dueño de un astillero y vivía en una vivienda del centro.
Detrás de Adolf iba Jay. Era hijo de una familia acomodado del centro de EEUU y trabajaba en la industria téxtil. Era el dueño de una gran marca y sus mercancías salían de los puertos más importantes de Europa, América y Asia. Era un hombre de cabellos castaños, con una constitución más bien endeble y unos modales muy refinados que parecía olvidar al dirigirse a sus subordinados.
Al lado de Jay caminaba Alex. Era oriundo de Sheffield y se había mudado a EEUU para unirse al resplandor dorado que en aquella época estaba experimentando la bolsa de Nueva York. Era uno de los más reconocidos brokers del mundo y uno de los hombres más influyentes de Nueva York. Era, además un hombre alto, de pelo moreno y mirada penetrante y seria, con una voz muy grave y un sentido del humor muy agudo y negro.
Detrás de Alex caminaba John. John era posiblemente el hombre más extrovertido del grupo. Era rara la ocasión en la que lo encontraras callado. Se dedicaba a la medicina y era uno de los mejores de la ciudad. Era alto y atlético, de pelo castaño, ojos azules y piel bronceada. No solía vestir traje excepto en las ocasiones más especiales, como aquella.

El grupo seguía avanzando por el paseo y hablando de diversos temas mientras el Sol se iba poniendo. En ese momento, Jay estaba hablando de sus exportaciones y Alex le preguntó:

- ¿Habéis expandido el mercado a Alemania? Con la nueva política de ayudas se esta perfilando como la gran potencia que era antes. Ahora es el momento de comerciar con ella, antes de que todo el mundo lo haga. Los beneficios van a ser asombrosos.

- No creo que Alemania llegue a ser lo que fue nunca más -intervino Adolf-. El Tratado de Versalles ha hecho mella en la economía y en la población, y eso es algo que no se puede remediar. La época de esplendor alemana se acabó cuando Bismarck fue destituido.

- Adolf tiene razón -el que hablaba ahora era Jay-. Alemania está asfixiada por las reparaciones de guerra, su economía, a pesar de haber mejorado, no va a volver a florecer en muchos años. Y cuando florezca de nuevo, yo no estaré vivo para comerciar con ella.

- Os equivocáis -respondió Alex-. El Tratado de Versalles solo esta siendo seguido con extrema dureza por Francia. Gran Bretaña nunca acabó de aceptarlo, y estoy seguro de que en unos años se revocara. Y en ese momento, la economía alemana volverá a florecer e impondrá una autarquía, como venía haciendo. Y ahí si que no vas a poder comerciar con ellos. El momento es ahora, es una inversión viable.

- No estoy tan seguro... -comenzó Jay.

Sin embargo, John los interrumpió y dijo:

- Chicos, ¿qué es eso que está en la cuneta?

Los 4 hombres dirigieron la mirada al punto que John estaba señalando y observaron un cuerpo inerte tirado en la cuneta.

domingo, 9 de febrero de 2014

Un retrato de la humanidad 1

UN RETRATO DE LA HUMANIDAD


CAPÍTULO 1


EMPECEMOS POR EL FINAL


Cuando era joven tenía en mi habitación un cartel. Un cartel con un mensaje. Un mensaje que me marcó. En el cartel ponía:

HOY VA A SER EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA

La verdad es que desde entonces siempre tuve en cuenta ese cartel, ese mensaje. Siempre lo seguí como si fuera mi religión. La frase, que leía cada mañana al levantarme, era para mí como la luz verde para el señor Gatsby. Me presagiaba un futuro brillante. En definitiva, era un mensaje muy importante para mí y siempre lo tenía en cuenta. Nunca pensé que pudiera llegar el día que ese mensaje me fallara.
Bueno, pues hoy es ese día. 
No sé muy bien como he llegado a la situación en la que estoy, sólo sé que estoy en ella. Y también sé muy bien que me la merezco. O sí, me la merezco. He hecho cosas atroces, cosas desagradables. Y quiero que esto quede claro ahora, las he hecho porque yo he querido. No respondía a ninguna fuerza mayor como esos locos asesinos en serie que matan por una causa.
No, yo mato, yo mutilo, yo siembro el caos, yo hago sufrir a la gente por un solo motivo. Por el placer que me produce.
Se podría decir que estoy loco, que soy un sociópata, un psicópata, un  majadero, un Alex, ...
La verdad es que todo eso es cierto. Al 100%, cierto, tan cierto como que el Sol comienza a alumbrar la Tierra por la mañana y la Luna le coge el relevo por la noche. Es totalmente cierto,sí.
Pero, querido lector, si ya me has cogido asco, si ya me odias, si quieres dejar de leer, sino quieres oír nada más de mi historia (que te aseguro que, a pesar de ser desagradable para la mayoría de la gente, es muy entretenida), si ya me has catalogado de inadaptado, paria, extraño, raro y repulsivo y crees que tengo mi puesto asegurado en el Infierno tan solo por gustarme lo que hago (y creedme que lo tengo, una parcela preciosa y enorme, me la he ganado a pulso) déjame hacerte una pregunta.
¿Puedes afirmar que estás contento con lo que eres? 


Yo sí.

martes, 21 de enero de 2014

El Diablo viste un Armani 1

EL DIABLO VISTE UN ARMANI

CAPÍTULO 1 (1/5)

Ojo por ojo


Era un día como otro cualquiera para la ciudad de Nueva York. Un típico día de primavera. El sol en el cielo brillaba con intensidad e iluminaba la amplia calle por la que Robert transitaba. Robert se dirigía a un pub. Un pub verdaderamente famoso en Nueva York, no por su dueño, ni por sus bebidas, ni por su camarera, ni tan siquiera por su estructura. En todos esos aspectos era el típico pub americano. Un lugar acogedor y lleno de ruidos en el que tomar una copa. Pero un pub no se hace famoso por su normalidad. Ningún otro pub era tan famoso por aquel por un motivo tan extraordinario. Y es que este pub era famoso por uno de sus clientes. Este cliente no era Robert. En realidad, Robert venía a visitar a este cliente. Decían que ese cliente misterioso que frecuentaba nuestro pub era capaz de conseguir cualquier cosa. Robert no era un hombre que creyera en este tipo de rumores. Bien podía ser una leyenda urbana. Robert hasta dudaba de la existencia de este pub y de la su misterioso cliente.
Entonces, ¿qué hacía Robert dirigiéndose a este pub? Pues vereis, la situación de Robert era cuanto menos precaria. Acababa de cumplir su 2º año en la ciudad que nunca duerme y ostentaba ya la edad de 27 años. Antes, Robert había residido en otras ciudades importantes, como Belfast, Dublín, Londres, Chicago, Boston,... y en ninguna había conseguido un trabajo estable. Él era de Irlanda, nació en un pequeño pueblo del norte y fue el último hijo que sus padres tuvieron. Robert destacó más que sus hermanos en lo relativo a los estudios y sus padres le dieron la oportunidad de irse a estudiar fuera de su pueblo. Y así hizo Robert. Empezó estudiando en Belfast y acabó sus estudios en Dublín. Contaba 22 años cuando se mudó a Londres, donde subsistió un año a base de la realización de diversos trabajos cuanto menos deplorables para un hombre de su educación. Cuando se cansó de su humilde existencia decidió emigrar a EEUU (¿gran tópico, no?). 
Allí vivió en Chicago de la misma forma que en Londres y decidió irse a Boston, donde se repitió la historia. Había desperdiciado tres años de su vida cuando se mudó a Nueva York. Y allí las cosas empezaron a funcionar. Después de un año de trabajos vergonzosos, consiguió llegar a una gran multinacional en al que empezó a trabajar como becario. Pronto le ofrecieron un contrato y las cosas parecían ir perfectas. En la empresa le empezaron a coger estima y le ascendieron y aumentaron el sueldo. 
Con ese ascenso todo empezó a torcerse. los jefes que hasta el momento había tenido en la empresa veían un gran potencial en él, pero el nuevo jefe no lo veía. No le dejaba trabajar y lo tenía realizando tareas mundanas con las que Robert no conseguía aprender y seguir haciéndose grande en la empresa. así llevaba ya 6 meses. Acostumbrado a su rápido ascenso, Robert no concebía el hecho de que este se pudiera detener. Y por eso fue prendiendo en él una idea. Una idea quizás maligna. Una idea quizás errónea. Pero en cualquier caso una idea. Una idea que, en un hombre tan pasional como Robert cobró una fuerza inusitada. 
Robert debía matar a su jefe para seguir prosperando en la empresa. Además, al muerte de su jefe le permitiría a él ostentar ese puesto, muy cercano a las altas esferas de la empresa. 
Durante meses, Robert estuvo pensando como matar a su jefe sin mancharse las manos, hasta que escuchó un día la fama del pub que estaba a punto de visitar y no pudo contenerse. Se dirigiría al pub.
Mientras os narraba todo lo que motivó a Robert a ir al pub, él ya estaba llegando a este. Encima de la vieja puerta de madera de roble del pub colgaba un gran letrero que rezaba: 

Devil's Pub